Somos perras y mordemos...

11 marzo 2011

Tras los muros


Hace unos días me llamaron las chicas de Milenta Muyeres para celebrar el 8 de marzo con las mujeres de Villabona que es el centro penitenciario de Asturias, ¡que coño!, es la cárcel.

Desde que me alcanza la memoria hemos cantado en manifestaciones eso de "No estamos todas, faltan las presas" y con ellas nos fuimos a celebrar el día de la Mujer, porque da igual donde estemos, seguimos siendo mujeres.

Tengo en los oidos todavía el sonido de las puerta abriéndose y cerrándose. Como me dijeron hace unos días el recuerdo de la cárcel para la gente que estuvo dentro es el de esperar a que una puerta se cierre para que otra se abra, y el ruido de las rejas de metal corriendo por los railes, el chasquido final cuando se cierran es algo que llega a hacerse hipnótico. Estábamos allí, esperando entre dos rejas y nos mirábamos y mirábamos a la puerta que teníamos delante aguardando que se abriera como si ese paso nos diera una pizca de libertad.

Si os soy sincera tenía un poco de miedo a la reacción de las presas, pensaba que quizás nos mirarían como diciendo que a qué íbamos nosotras allí, que no sabíamos nada de la vida y mucho menos de lo que es estar ahí dentro. Pero estaba muy equivocada.

Nada más llegar al Módulo 10 o Módulo de Respeto vi a una chica que lloraba porque salía ese día. Lloraba por las que quedaban dentro, porque después de tres años y medio se le hacía muy duro separase de las mujeres con las que había compartido cada minuto de su vida. Y yo pensaba que la libertad era más importante. Pues no, las relaciones son más importantes, la amistad, la convivencia... eso es lo que en realidad merece la pena y por lo que hay que llorar.

El recibimiento fue todo lo contrario de lo que pensaba, se volcaron con nosotras, nos contaron de donde venían, el tiempo que llevaban allí. En el patio, entre retumbar y retumbar de tambores tuvieron un recuerdo para las mujeres maltratadas, para las muertas de este año y para las que se alejaron de sus maltratadores y ahora no tienen que sufrir abusos. Y me dió la sensación que hablaban de sus propias vidas y se sentían orgullosas de haber vencido al maltrato.

Entramos en la sala donde íbamos a hacer un karaoke a ritmo de tambores, haciendo retumbar las paredes como si la fuerza del sonido pudiera hacer que esos muros cayesen. Gritamos. Gritaron para sacar todo eso que siempre tenemos dentro y que muchas veces nos acaba ahogando.

Cantaron y cantamos, bailamos, reimos y acabamos haciendo la conga como en toda fiesta de postín que se precie. Aún sabiendo donde estábamos aquella sala parecía estar más allá de las rejas. Pedían canciones y nos deleitaban con voces estupendas o gallos atronadores. Reimos hasta las lágrimas y algunas de esas lágrimas fueron de emoción.

Al final, besos, abrazos, gracias repetidas cientos de veces. Recuerdos para las compañeras que no habían podido estar allí porque tenían otras obligaciones.
Y nos marchamos con la promesa de volver.

Se me hizo difícil despedirme sabiendo que ellas se quedaban allí. Me sorprendió tanto el entusiasmo que pusieron, el cariño con que nos recibieron... Me iba de allí con una de las mejores sensaciones que he tenido en mi vida.

Desde el patio no se ve más que cemento, hormigón y las alambradas que limitan más allá de los propios muros. Son un recordatorio constante de donde están, no hay manera de obviarlas.

Tenemos que volver, tenemos que pasar aún más tiempo con ellas celebrando o intentando que por unas horas salgan de la rutina. Hemos de escuchar sus historias y dejar que las cuenten como quieran. Y si es posible, para la próxima vez, hacer lo mismo que hoy pero en una de las zonas verdes que hay dentro de los muros porque los ojos se cansan de tanto gris y los pies también desean cambiar de vez en cuando el cemento por hierba verde.

Adriana

6 comentarios:

Inés dijo...

Qué buena entrada. Y qué pena no haber podido estar allí con vosotras para compartir esa vivencia... Pero habrá más
Un abrazo!

Ire dijo...

Inés. te echamos mucho de menos, vuelve prontoooooo! Ayer lloramos de emoción, inolvidable. Volveremos chicas del módulo 10

cris dijo...

Anoche me lo contaba Isi y me emocioné tanto como ahora al leerlo. Una sensación increible ha debido de ser...

Laura Cortiñas dijo...

Ayer salimos de allí con las pilas cargadas a tope para currarnos ya nuevas actividades. Salimos con un subidón increíble, porque además de pasárnoslo pipa, cosa que no podemos negar, verlas disfrutar como lo hicieron y ayudar a que no todos los días sean iguales es la mayor motivación para seguir adelante. Toda la tarde estuvo cargada de buenos momentos y emociones. Emociones como ahora al leer estas líneas que me ponen los pelos de punta al recordar lo vivido ayer. Desde Milenta queremos daros las gracias por participar y compartir con nosotras esta experiencia, y porque se vuelva a repetir otra u otras tantas. Para la próxima, el objetivo que nos marcamos será que esas paredes retumben aún más, que se desplomen esos muros y que desde las ventanas se consiga ver el verde del exterior.

Ire dijo...

Me sumo Laura, gracias Raquel, Nuria y demás chicas, que no recuerdo sus nombre, ej que voy empastillá y me se olvidan. Que emoción. En realidad gracias a vosotras, no al contrario. Nos ha encantado compartir vuestro momentazo con vosotras

Marcela dijo...

Comprendo vuestro sentimiento, yo sentí lo mismo cuando fui. La cantidad de cariño que se recibe, la fuerza de esas mujeres maltratadas por una sociedad injusta en su reparto de riqueza y en su patriarcado de mierda, la alegría de ver que una es útil para alguien y todo lo que enseñan cuando hablan, hacen que esa experiencia sea inolvidable y que las visibilicemos siempre que podamos. Gracias por este post, me ha hecho emocionarme.