Siempre tuve clarísimo que la lucha feminista por una igualdad real iba a ser larga y dura, muy dura. No dudaba que me encontraría con muchos escollos en el camino y que muchas de las trabas me las iban a poner las propias mujeres (lamentablemente). Pero creía que las machistas lo eran por haber sido educadas en unos valores patriarcales y que aquellas mujeres que habían tenido la oportunidad de estudiar, de ver el mundo como es y no por los ojos de sus padres, serían las primeras en defender lo que para mí es de sentido común. La igualdad.
Pues no, no es así. Y esta realidad me cabrea soberanamente.
Cristina López Schlichting escribe lo siguiente en La Razón: “Hemos pasado de la represión de la mujer al escarnio del varón. Uno de cada tres alumnos entre 18 y 24 años fracasa en España en los estudios -más del doble que la media europea- y los chicos claudican un 57 por ciento más que las chicas. España, aislada con el franquismo, ha vivido el choque de golpe desde 1975 y con el zapaterismo ha elevado a dogma el endiosamiento femenino. Nuestros hijos varones crecen en un ambiente que les hace lamentar su sexo. Quizá sea el momento de una reflexión”.
Yo no sé como educará esta señora a sus hijos para que se lamenten de ser varones, pero creo que lo está haciendo muy mal. No sé donde vive pero le recomiendo que se mude porque eso del escarnio del varón se debe de dar sólo en su barrio.
Y para seguir sumando barbaridades le llega el turno a las escuelas segregadas, esas en las que los niños van con niños y las niñas con las niñas. Resulta que en el anteproyecto de la Ley de Igual Trato se propone que los centros educativos segregados no reciban dinero público y el Consejo Fiscal se cuestiona este punto.
Se abre el debate en cuanto a segregación sí o no y escucho argumentos alucinantes a favor de la misma tales como que las niñas maduran antes y por tanto sacan mejores notas por lo que pueden frustrar a sus compañeros. ¡Tócate los pies! La madurez de una niña de 12 años es directamente proporcional a su inteligencia en cuanto a los estudios se refiere. Que yo no sé como no sacan todas sobresaliente tras sobresaliente, si con esa edad son casi superdotadas.
Así están las cosas. Para unas como doña Cristina el feminismo está acabando con los estudiantes del estado. Los pobres chavales sacan malas notas y dejan de estudiar porque las pérfidas de sus compañeras están endiosadas por ZP, el mismo que se cargó el Ministerio de Igualdad y lo mezcló con Sanidad, supongo que para poder tratar, en el mismo pack, a los muchachos que se lamentan de serlo.
Para otros el problema es la madurez de las niñas preadolescentes y lo mejor que se puede hacer es que tengan espacios comunes y puedan jugar en el patio, pero que en clase no se mezclen, a ver si con esa diferencia de madurez insalvable van a frustrar a los niños.
Llevamos años luchando para romper el techo de cristal en nuestros trabajos, años estudiando como mulas para que no nos puedan decir que nos lo han regalado todo. Somos más responsables (algunas) y por tanto estudiamos más o mejor, que no creo yo que esto sea un tema de inteligencia nada más. Y todos estos esfuerzos sólo nos sirven para que se nos culpe del fracaso de los hombres.
Pues yo no sé como lo habreis vivido el resto, pero yo tuve compañeros brillantes con unas notas de esas que se podrían enmarcar, compañeras con una trayectoria académica impresionante y las clases eran mixtas y hacíamos trabajos en equipo. Malas notas también había, tanto de unos como de otras. Pero debe de ser que yo estudié en algún lugar fuera de este estado feminista opresor.
Adriana.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada